¿El derecho a la no ciudad?

Publicado en LaCiudadViva

Reflexiones a partir de la tesis de maestría en los territorios periurbanos de Quito, transformados por la ubicación de un Gran Proyecto Urbano: el Nuevo Aeropuerto Internacional de Quito (NAIQ), ubicado en la parroquia rural de Tababela. En otros artículos en la Ciudad Viva explicaba los interrogantes iniciales, o el proceso deexpansión de Quito hacia los valles orientales.

La tesis se centró en cómo las políticas públicas, como resultado dialéctico de distintas territorialidades, tuvieron como prioridad la materialización de la producción del espacio del capital, respecto a los derechos territoriales de la población rural. La tesis completa está en este enlace. En este artículo querría compartir para el debate alguna de las conclusiones respecto al ejercicio del derecho a la ciudad en un país como Ecuador, en el que dicho derecho está consagrado en la Constitución, y por otro lado el Estado está fuertemente comprometido con la expansión de capital en todo el territorio nacional.

El derecho a la ciudad no deja de ser un derecho territorial vinculado a la participación de toda la población en las decisiones que afectan a su espacio, frente a la forma en la que el capital produce su espacio. El repaso histórico muestra que en ningún momento se pusieron en marcha en las políticas públicas el derecho al espacio ni otros derechos territoriales como los vinculados a los derechos de las comunas indígenas: ni consulta previa, ni procesos suficientes de información o participación en las modificaciones territoriales vinculadas al NAIQ. La pregunta es, si estos derechos han sido violentados, ¿por qué no hubo mayores índices de protesta?, ¿por qué en esta dialéctica de territorialidades no hubo una mayor apropiación del espacio por parte de la población de Tababela?

Para analizar cuáles fueron las herramientas de implantación del nuevo aeropuerto, fue muy útil el marco gramsciano de la hegemonía y los grados de implantación de ésta de Javier Balsa (2006). Del 1 al 6 están los grados de perfección de la hegemonía del capital. Las variables son si la población considera que tiene algún tipo de agencia (ninguna o alguna) y la implantación del modelo territorial como lo que es (no hay otras opciones), lo que es bueno (hay otras opciones pero son peores) y lo que es posible (hay otras opciones mejores pero no son materializables), lo que se expresa en la siguiente tabla:

Aunque no son estados únicos en los procesos, sino que pueden pasar por varios de forma simultánea, en el caso del nuevo aeropuerto encontramos distintos momentos predominantes de cada situación:

– En un principio la “inevitabilidad” el nuevo aeropuerto marca la ausencia de , lo que se refuerza con la ausencia del ejercicio de derechos territoriales, la falta de la consulta previa o un mínimo proceso de participación.

– Además, la “adaptación” viene dada por al ilusión del desarrollo, en la que el Gran Proyecto Urbano traería prosperidad, trabajo, negocio, etc.

– El proceso de construcción devela los primeros despojos: desalojos, contaminación, empobrecimiento, inviabilidad de las formas de vida campesina, lo que lleva a una forma de “deferencia”, habría otros escenarios pero finalmente el aeropuerto traería progreso.

– En el momento en el que comienzan a cristalizarse protestas que ponen en riesgo el GPU aparece el Estado al rescate, en forma de promesas, para impulsar un “sentido de la representación”.

– El incumplimiento de estas promesas han llevado a un estado de “resignación”, en el que el aeropuerto es un hecho, pero sin forma de una apropiación territorial alta por parte de la población colindante. La hegemonía se ejerció de forma que no hizo falta llegar a la propagación del miedo para que el aeropuerto se llevara a cabo.

Las políticas públicas fueron a lo largo de todo el proceso la forma de garantizar que se consumaba la territorialidad del capital, que necesitaba este Gran Proyecto Urbano para su expansión, con una jerarquía absolutamente mayor al ejercicio de los derechos territoriales. La población ganó determinados derechos básicos (agua, luz, alcantarillado) al igual que muchas otras parroquias del periurbano, por lo que cabe preguntarse si la concesión de éstos, en el contexto de la negación de otros derechos fundamentales, actuó en forma de revolución pasiva desde el punto de vista gramsciano.

El derecho a la ciudad, como principio de participación en la transformación del territorio, lleva implícito la idea de que los distintos territorios periurbanos deben poder escoger de qué forma se urbanizan, así como la posibilidad de no hacerlo. Por ello, cabría pensar que en el derecho a la ciudad está implícito el derecho a la no ciudad de todas aquellas comunas y barrios de los territorios periurbanos, repensar la urbanidad y las duplas jerárquicas agrario – industrial, tradicional – moderno, precapitalista – capitalista que muestran lo que es, lo que es bueno y lo que es posible. Por ello, el derecho a la ciudad abre puertas para construir el territorio desde una visión contrahegemónica, que dispute al capital la producción del espacio.

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