El Ludismo en el Verano de Artes de Quito

metropolisEscrito por Manuel Bayón.

Aprovechando la ausencia de lluvias vespertinas del verano andino, Quito se llena de arte en agosto desde hace varios años. En esta edición la oferta cultural ha incluido una novedosa forma de cine mudo con música en vivo, con interpretaciones que variaron desde música experimental electrónica a la orquesta sinfónica de Guayaquil, que interpretó la banda sonora de la película Metrópolis.

Metrópolis es un filme alemán de 1927 en el que se plantea como futuro distópico lo que en realidad fue uno de los primeros movimientos sociales urbanos, en el S.XVIII: el ludismo. Fue una de las primeras reacciones obreras como resultado de la expansión de la revolución industrial en Inglaterra y la creciente explotación y condiciones de miseria de las nuevas clases obreras urbanas. Este movimiento obrero basó su acción política en la destrucción de maquinaria industrial, principalmente la maquinaria textil en la que Inglaterra basaba su expansión imperial y la revolución burguesa que había comenzado con el despojo de los comunes campesinos. Su nombre lo debe a uno de sus líderes, Ned Ludd, quien habría sido uno de los primeros obreros en romper un telar industrial.

La reacción conservadora no se hizo esperar, y el movimiento fue duramente criminalizado: se promulgaron en Inglaterra leyes que penaban con la muerte la destrucción de maquinaria, que se replicaron en otros países ante la propagación del ludismo. El decaimiento del movimiento hizo que la historiografía posterior de las distintas tendencias ideológicas posicionara la memoria de los ganadores, de las clases burguesas, en la que el ludismo se dibujaba como un movimiento irracional de tumultos sin lógica alguna que se dedicaban a destruir maquinaria en contra del progreso del conjunto de la sociedad.

El cine como forma de cultura de masas a partir de los años 20 del S.XX se configuró como la herramienta perfecta de las clases dominantes para transmitir y consolidar su hegemonía cultural. El filme Metrópolis recoge de forma magistral el pensamiento de la burguesía de la época convertido en sentido común, en el que la masa de obreros y obreras que vivían en condiciones de miseria constituía una continua amenaza de revolución. El momento central de Metrópolis es la destrucción de las máquinas por parte de la clase obrera, en un momento de locura colectiva desatado por una mujer-robot, lo que provoca la destrucción de la ciudad y el inminente ahogamiento de los niños y niñas. Lo cual configura un retrato satánico de la clase obrera, en la que una mujer es la encarnación del mal. Ello lleva a la moraleja final: es necesaria la existencia de un mediador de las clases trabajadoras, que permita reinvindicaciones comedidas ante la figura del buen patrón. Así también contiene una visión totalmente modeladora del papel de las relaciones de género, mientras los distintos estereotipos de mujeres suponen una amenaza para el progreso -la mujer-madre por las emociones desestabilizadoras y la mujer-robot por el aliento a la rebelión-, las figuras paternas suponen la racionalidad y la estabilidad, ya sea el arquetipo del hombre-patrón o la del hombre-negociador.

Historiadores marxistas como Eric Hobsbawm explicaron el fenómeno tratando de mirar la historia desde los perdedores, en la que el ludismo se configuró como una forma de negociación colectiva basada en el motín, antes del posicionamiento de la huelga como forma de lucha obrera. Esta mirada de la historia es fundamental para analizar el momento actual, en la que movimientos de alguna forma neoludistas están cuestionando el progreso, el desarrollo anclado en los paradigmas capitalistas de acumulación que rigen en el S.XXI. Hoy son comunas de los territorios periurbanos quienes reivindican el derecho a seguir conformándose como espacios campesinos ante el avance de la expansión inmobiliaria. O son nacionalidades indígenas de la amazonía quienes reclaman que el supuesto bien común no puede incluir la explotación petrolera o la urbanización de sus territorios. Todas estas sociedades confrontadas con el desarrollo del capitalismo son posicionadas por las políticas y centros de pensamiento dominantes como atrasados que se oponen al progreso. Como hace dos siglos ocurría con el movimiento ludista. Por ello, la mirada desde Ecuador de Metrópolis tiene una enorme actualidad, ya que permite repensar la cultura como herramienta hegemónica, que continúa posicionando a las resistencias que tienen su centro en los derechos humanos como fuera del sentido común.

La proyección en Quito de Metrópolis contó además con dos ingredientes añadidos. Por un lado, fue exhibida la versión completa por primera vez en Ecuador, encontrada en Buenos Aires en 2008. Y por otro lado, la proyección fue gratuita en la Casa de la Música, un espacio reservado habitualmente a las clases altas de la ciudad. Hoy la cultura hegemónica tiene una enorme cantidad de dispositivos mucho más penetrantes que en los años 20. Metrópolis permite reflexionar sobre la cómo se producía hace casi un siglo, para pensar el alcance que tienen en la actualidad las culturas contrahegemónicas, las posibilidades y limitaciones que suponen hoy en la construcción de derechos que pongan freno a la preponderancia del capital, sustentada en esa verdad única en la que las clases oprimidas solo pueden respetar a los “buenos patrones” y asumir la llegada del capitalismo tal y como éste venga.

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