Santiago de Cali: Entre las promesas del desarrollo neoliberal y la realidad del profundo conflicto social

Por: Anita Erazo

Santiago de Cali, Colombia, cuenta con aproximadamente 2.319.655 habitantes (DANE, 2005) y es la ciudad más importante de la región del suroccidente, ya que se encuentra estratégicamente ubicada en el Pacífico colombiano, conurbana al puerto de Buenaventura, colindante con Cauca y próxima a Nariño (región rica territorialmente por el macizo colombiano y la salida al mar). Esto la convierte en referencia urbana para el entorno poblacional de la zona, introduciendo el imaginario de que es un espacio de múltiples oportunidades.

Así también lo analizan los gobiernos, considerando que por su ubicación, es un corredor importante para el transporte de mercancía. Es por ello que las políticas de desarrollo, están encaminadas a consolidar:

Una Ciudad – Región, líder en la cuenca del Pacífico, articulada con la región a la que sirve como centro de actividades metropolitanas de alcance subnacional, nacional e internacional, especialmente en relación con la Costa Pacífica y el Eje Cafetero, como un propósito que permitirá aprovechar sus ventajas económicas comparativas e identificar y favorecer acciones sobre el territorio que impulsen su competitividad (POT Cali, 2000: 1).

En aras de dar cumplimiento al Plan de Ordenamiento Territorial, y lógicamente a las políticas del modelo neoliberal que se implementa en Colombia desde los años 90, los gobiernos de la ciudad han venido ejecutando una serie de políticas urbanas, que con un discurso de modernización, conllevan a que Cali hoy tenga un importante rol en la región, en el país, y por supuesto, en el contexto de globalización al que acudimos después de la crisis de los 80 del capitalismo.

Desde 1998 hasta nuestros días, analizamos cómo la ciudad además de continuar expandiéndose, se adecua en infraestructura como el Sistema Integrado de Transporte Masivo MIO y las 21 megaobras, que le dan a Cali un aspecto arquitectónico diferente y nuevas opciones viales para la conexión y el desplazamiento, pensando más en una ciudad objeto de venta que logre los estándares internacionales, dando cumplimiento a los parámetros local – internacional contenidos en los objetivos regionales del POT:

Alcanzar una eficiente conectividad y articulación de la Ciudad-Región con los ámbitos internacionales y regionales de intercambio de bienes y servicios, dotándola de sistemas avanzados de comunicación, y construyendo un adecuado sistema multimodal de conexiones con su entorno metropolitano así como con sus áreas de influencia de mayor interacción, que contemple los corredores interregionales y las infraestructuras requeridas para diferentes modos de transporte, capaces de optimizar accesibilidad y minimizar costos de desplazamiento (POT Cali, 2000: 2).

Gracias a las obras de infraestructura realizadas, se tiene una “nueva cara” urbana, lo que permitió que en el 2013 se llevaran a cabo diversos eventos, entre ellos, los tan aclamados Juegos Mundiales. Por otro lado y con gran orgullo, el gobierno aplaudió que se llevara en la ciudad la VII cumbre de la Alianza del Pacífico, cuya iniciativa de integración regional conformada por Chile, Colombia, México y Perú, posee como objetivos el impulso de

Un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías de las Partes, con miras a lograr un mayor bienestar, la superación de la desigualdad socioeconómica y la inclusión social de sus habitantes, y Convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial y de proyección al mundo, con especial énfasis en Asia-Pacífico (http://alianzapacifico.net/que_es_la_alianza/la-alianza-del-pacifico-y-sus-objetivos/).

Y un poco resumido, este es el panorama de desarrollo económico que vive Santiago de Cali, la cual no se exime de los planteamientos teóricos sobre la Nueva Pobreza Urbana de la que nos habla William Julius (1998), exponiendo cómo con el modelo globalizado se acude a la flexibilidad del mercado laboral urbano, que desencadena en disminución de empleo, planteando nuevas implicaciones y problemáticas socioeconómicas para los pobres urbanos. Con la reducción del salario o sin empleo, no sólo se afecta el individuo (tal como lo plantea el liberalismo), sino también al núcleo familiar, barrial, social y ciudadano, quienes también asisten al proceso de la pauperización. Según Wilson, el impacto de la transformación económica mundial sobre los territorios urbanos neoliberales, conllevan a la agudización de la exclusión, y su vez, al conflicto social de las ciudades.

Y esto es precisamente lo que acontece en Cali. Los niveles de “progreso” van aumentando con la imagen de la ciudad, pero sólo para algunos pocos. A la par se viene generando un alto porcentaje de pobreza, pues el modelo que sólo beneficia a los grandes empresarios, agudiza la situación de desempleo, y con ello el aumento de la crisis económica para las familias de estratos 1, 2, 3 y hasta 4.

El desempleo, el subempleo, el empleo informal e ilegal aumenta, generando una agudización del conflicto social que conlleva a más pobreza urbana y que incide en la violencia social. A este grave panorama se le agrega el problema del narcotráfico y la degradación del paramilitarismo urbano sobre las bandas criminales y el crimen organizado.

Entonces, se recibe con gran tristeza que las promesas del desarrollo neoliberal que hoy el gobierno de la ciudad expresa, no tenga en cuenta la realidad del conflicto social que se vive. Santiago de Cali, a la par de acoger grandes eventos globales, contempla las cifras de homicidios más altas, lo que hoy la convierte en la primera ciudad más violenta de Colombia y la séptima del planeta, con cifras de 1819 homicidios en el 2012 y 1900 al terminar el 2013. Un promedio de 79.27 asesinatos por cada 100 mil habitantes (http://aristeguinoticias.com/0702/mexico/las-50-ciudades-mas-peligrosas-del-mundo-9-son-mexicanas/).

De acuerdo con las autoridades, las comunas seis, diez, once, doce, trece, catorce y quince de Cali es donde se ha aumentado el número de homicidios. Esto pone a la capital del Valle como la ciudad más peligrosa del país

Las comunas que se consideran más violentas, coinciden con aquellas con menos intervención estatal, ubicadas en el Distrito de Aguablanca, un gran espacio habitado por sectores populares que se reconoce como “la otra ciudad” de Cali, la cual produce los porcentajes más altos en términos de problemáticas sociales como pobreza, miseria y violencia. Este escenario de entrada, marca un aislamiento social que produce estigma y exclusión social.

Así podemos analizar, cómo el capitalismo continúa obteniendo sus ganancias sobre la base de la explotación del hombre por el hombre, tal como lo expresó Carlos Marx (1867) y hoy más latente con el modelo neoliberal y lo que David Harvey denomina la crisis de sobreacumulación de trabajo y de capital, el cual se intenta superar con el ajuste espacio – temporal, que plantea un nuevo orden de dominación, en el cual la acumulación se da mediante la desposesión, donde el capitalismo internaliza prácticas canibalísticas, depredadoras y fraudulentas, sobre quienes hoy ni siquiera tienen un espacio donde vivir.

Sobre el derecho a construir la ciudad:

Es evidente que con la modernización se pretenda la construcción de ciudades “más bonitas” y que en ese sentido se apliquen políticas urbanas de infraestructura que terminen beneficiando a la población que le habita. Sin embargo, estos beneficios no toca a toda la población y al contrario genera impactos negativos que profundizan y agudizan las problemáticas y la violencia social. No es posible que las inversiones estatales se direccionen a embellecer la ciudad para intereses netamente del mercado, cuando no se prioriza a la comunidad que hoy necesita políticas públicas que coadyuven a disminuir los niveles de pobreza, generando programas de empleo para las familias y jóvenes, que coadyuven a reducir también los niveles de violencia.

La ciudad, la cual se sostiene también con impuestos de quienes le habitan, debe ser planificada y pensada para todos y todas. El derecho a la ciudad implica que sea la ciudadanía quien incida en la toma de decisiones para el direccionamiento de la inversión pública. El gobierno de Cali no puede pretender acabar con el dilema de la violencia generando más conflicto social. Éstos son los impactos de la globalización y la nueva pobreza urbana que generan desprotección social, y como efectos, la agudización de la violencia. Que hoy Cali sea la ciudad más peligrosa de Colombia no debe asombrar, pues todo ello es producto de los ejercicios de desgobierno para unos – los pobres urbanos – y el desarrollo del modelo neoliberal.

Bibliografía

Harvey, David (s/f). El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. Disponible en http://www.cronicon.net/paginas/Documentos/No.22.pdf

Wilson, William Julius (1999). When work disappears: new implications for race and urban poverty in the global economy, Ethnic and Racial Studies, 22:3, 479-499.

Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas DANE, 2005. “Censo general 2005”, República de Colombia, DANE, pp. 26-429

Plan de ordenamiento territorial, 2000. Acuerdo 069 de la Alcaldía de Santiago de Cali.

http://aristeguinoticias.com/0702/mexico/las-50-ciudades-mas-peligrosas-del-mundo-9-son-mexicanas/

http://alianzapacifico.net/que_es_la_alianza/la-alianza-del-pacifico-y-sus-objetivos/

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